Django 2: sangre de mi sangre

fotografía: www.americatv.com.pe

Django 2: sangre de mi sangre se abre en un film fresco, sin miedo; que inicia con un aire desapercibido, colorido, musical, a punta de la salsa de ‘cana’ de Wilson Manyoma y con la agilidad de historia urbana con la que Aldo Salvini, director de la cinta, nos invita a interpretarnos a nosotros mismos dentro de su ficción y sentirnos un protagonista más, con eventos de la Lima de siempre nos demuestra con un clarísimo ejemplo que si nos proponemos a hacer cine del bueno, podemos hacer aún mucho más.

Los desnudos son ya característicos de cualquier película peruana –y en Django 2 no faltan pero con un símbolo más tenue y elaborado que en la entrega del dos mil dos –las lisuras y las jergas exageran un poco dentro del ámbito de barrio pero no escapan de la realidad. Giovanni Ciccia y Melania Urbina no pierden esa chispa con la que nos envolvieron hace quince años y las ‘caras nuevas’ –y no tan nuevas –que van apareciendo a medida de que la trama sigue su camino, su rumbo, enmarcan más aún la idea de que la cinta cumple su prometido: entretiene sin excesos pero sin perder la particularidad y originalidad con la que despertó la curiosidad de todos la primera parte; la intensidad de cada toma en conjunto con el movimiento de cada escena, dan pie a pegarnos más y más a la pantalla grande hasta no poder distinguir la verdad de la mentira.

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En el Perú no es fácil dirigir, producir y hasta actuar. Cumplimos roles muy distintos a los de otros países donde el cine es prioridad número uno y donde, desde el Estado más importante hasta el caminante de a pie más inocente, consumen el séptimo arte, ponen ganas en lograr cometidos y se enfrascan en las razones centrales por las que se hacen ganadores.
El evangelio de la carne o La hora final; son muy contadas las películas buenas en su totalidad ‘marca Perú’, pero se hace hasta donde da el presupuesto y hasta el momento sigue siendo así; no tenemos producciones de millones pero las historias están, los guiones están, las tramas están, los finales, los buenos finales, sin dejar de lado y no mencionar los tropiezos –¡los grandes tropiezos! –con los que se aprende a no repetir jamás el mismo error: Al filo de la ley, un claro, clarísimo ejemplo, donde Rossini y Legaspi hicieron mella de su conocida poca participación en televisión y donde en lugar de cine, fue un juego lo que se vio –y uno muy malo, dicho sea de paso –.

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Django 2: sangre de mi sangre, nos marca, nos termina gustando y es una de esas cintas que te hacen salir de la sala con una sonrisita sea por habernos sentido identificados con la brutalidad de ‘Marquina’, la sensualidad de ‘Magda’ o la pasión y desenfreno de ‘Montana’; sea porque alguna de las locaciones nos pareció conocida o sea por el simple hecho de sentir una historia tan ligada a la realidad peruana, con la que tenemos que convivir día a día, la que nos lleva a la duda sobre qué tan falsa es nuestra realidad, y qué tan cierta nuestra ficción.


Sobre el columnista

Luis Alberto Gutiérrez Aguirre (Lima, Perú 1992)

Comunicador. Escritor. Blogger. Novelista. 26 años. Director del cortometraje Una Más: las heridas nunca cierran. Actual columnista de opinión de los culturales web Reporteros Infiltra2 y Cuenta Artes. Blogger en Té de diablos. Ha publicado las ficciones Vanessa Dávila, Lurigancho y Oscuras nupcias miraflorinas bajo las editoriales de Poetas y Violetas, ELA y El Bosque. Próximo a publicar El silencio de mi mirada, libro de relatos.


Django 2: sangre de mi sangre Django 2: sangre de mi sangre Reviewed by Luis Alberto Gutiérrez Aguirre on febrero 11, 2018 Rating: 5

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