Reseña del escritor Carlos Enrique Saldivar sobre "El enigma de la silla rota" de Aarón Alva

Foto: Cuenta artes / Lucía Portocarrero

Alva, Aarón. El enigma de la silla rota. Lima: Editorial Apogeo y Editorial Cuenta Artes, 2017. 77 pp.
Aarón Alva, quien publicó el logrado volumen «Cuentos ordinarios» hace unos meses, nos entrega en esta ocasión un relato largo, que, en mi opinión, no llega a ser una novela corta, a pesar de tener sesenta y seis páginas de texto y de hallarse estructurado a la manera de las historias de largo aliento. Resulta muy curiosa la obra en diversos aspectos: no obstante su brevedad, la narración se torna amplia, vasta, pues parece transitar en los varios recovecos de los distritos limeños (que a su vez nos conducen a las ciudades del interior del país, y al ciudadano migrante, con su contenido emocional, cultural e incluso mítico). En un atinado comentario de este cuaderno, el escritor Poldark Mego mencionó que «El formato del libro es inteligente, al ser de suspenso me recordó a las novelas de bolsillo de los años sesenta y setenta, de historias cortas y macabras». Coincido con dicha opinión. El pequeño tamaño de la obra me remitió a esas historias de terror y misterio publicadas, por ejemplo, por la casa editora Easa: libros chiquitos que literalmente caben en el bolsillo, de pocas páginas, en los cuales es difícil definir si son cuentos largos o novelas cortas. Esto le da un plus al volumen que nos atañe en el aspecto físico, además hay otro elemento que resalta: la presencia de los bellos gráficos que acompañan el texto, arte de gran calidad de Lucía Portocarrero, quien también hace dos retratos del autor, que salen en ambas solapas, y el diseño de portada, el cual resulta estremecedor: a modo de cuadro con un marco negro se ve una silla de madera con una rajadura, encima de un piso también de madera y dañado, con la justa luminosidad.


Antes de ingresar en la historia se lee un largo epígrafe de Julio Ramón Ribeyro, el cual fue tomado de sus «Prosas apátridas». Esta introducción dialoga con la ficción pergeñada por Alva. El epígrafe inicia así: «Es necesario dotar a todo niño de una casa», lo que nos remite de inmediato al ambiente familiar, a la formación infantil y la absorción que el niño hará de aquello que lo rodea durante aquella etapa de su vida. La casa es el espacio donde se desenvuelve la existencia del menor; la casa es la familia, con su retahíla de imágenes, voces, afectos, defectos, costumbres, y actitudes que tendrá con el pequeño. Una casa no siempre es un hogar, pero es un sitio indispensable para la creación de una identidad. Los seres humanos buscamos cobijo por instinto, lo necesitamos desde que nacemos, y el hogar (si se es feliz allí) o casa (si no es así) influirá de forma decisiva en la juventud y madurez de la persona. «El enigma de la silla rota» es una narración acerca de una casa y un hombre.

El relato va de un joven escritor que intenta crear su siguiente ficción y de pronto recibe la llamada de un conocido, hecho que lo perturbará; ya desde el inicio podemos ver cómo el autor crea una estrategia lúdica al decir: «La búsqueda de una nueva historia me condujo a un viejo recuerdo infantil». Así observamos cómo se liga a la literatura con el vitalismo, el escritor rebusca en su cerebro para hallar la semilla de una nueva ficción y el presente libro podría ser la creación literaria que ha surgido rebuscando en su pasado. Desde la llamada de aquel ex compañero, el protagonista asume un periplo que lo llevará por distintos lugares, tanto de su propia sique como de espacios exteriores e interiores de la gran urbe; e iniciará una búsqueda que se entrevé lúcida y controlada, pese a las agitaciones y sobresaltos que le surgen cada tanto. Al principio habrá cierto rechazo a entregarse a una aventura que tal vez podría granjearle resultados negativos; sin embargo, el personaje central decide enfrentar sus miedos, entre ellos una presencia sobrenatural que le produce un temor que va desde el escalofrío hasta el pánico. Como se indica en el título, hay un enigma por resolver, y este acertijo implica la presencia de una silla rota, marcada por un cuchillo. Como dije, «podría» ser esto o aquello, el texto es un rompecabezas que se va armando y el lector es partícipe en la colocación de las piezas. Es un relato hábil, bien escrito, donde prima una construcción afinada del conjunto, argumental y formalmente. Por ejemplo, los recursos literarios están usados con solvencia, las metáforas en especial, cito una de tantas (página 61): «fue como ingresar a un viejo castillo encantado, donde los fantasmas irían apareciendo conforme visitara sus pasajes». También son notables diversos mecanismos narrativos que sitúan al lector en un ambiente malsano y estremecedor, por ejemplo, cuando en las páginas 34 y 35 se habla de una obra: «Manual de magia negra», de Francis de Las Palmas. El libro de Alva se encuentra copado de estas pequeñas piezas que sirven de base para la edificación total. Cada parte tiene un motivo: las relaciones del protagonista con su madre, con su hermana, con la chica que lo cuidaba de muy pequeño; la aparición etérea del padre, ausente, pero omnipresente, los ambientes: la calle (con sus pequeños habitantes de presencias poderosas, pese a su intrascendencia ante la mirada del protagonista: nadie es nada para un escritor y hasta el sujeto más patético puede ser un gran personaje ficcional) y los lugares cerrados, que en realidad son un nido de remembranzas y de fantasmas (el protagonista piensa mucho en estos y asumo que son los traumas); también se habla de demonios (los cuales, creo, son las obsesiones de todo autor; un gran literato peruano los nominaba «hervores», simpatizo más con este otro término). Por supuesto, el enigma se resuelve, y el clímax resulta potente.


Empecé mi comentario a este volumen diciendo que es curioso, singular, distinto. No es la típica historia de relojería, hay una pericia intuitiva, una estructuración in crescendo y una explosión al saber en qué desembocan las peripecias del personaje central. También es interesante esa proyección de la que hablé: la multiplicidad de asuntos en la mente de este joven transporta al lector por los resquicios de personas, sitios y hechos. La totalidad que se nos presenta es la prueba patente de una obra bien cohesionada, que funciona dentro de sus propios mecanismos narrativos. Tiene las palabras exactas, la extensión correcta, ello hace que triunfe, pues aquí, sin artilugios sin retoricismos, se va creando una atmósfera precisa a medida que se está narrando. Resulta además muy particular que este cuento largo se haya publicado de manera independiente, como libro. Hay una razón para esto: el relato no encajaría en un cuaderno genérico: de narraciones solo realistas o solo fantásticas, quizá sí cabría en un volumen de cuentos variados: intriga, ciencia ficción, fantasía, realismo, terror, policial, lo extraño, fusiones de géneros, etc.; sin embargo, se considera bastante que los libros con un corpus genérico se leen mejor. En este texto hay una duda que se produce en el lector cuando lo asimila, cuestionamiento grande que deviene en preguntas medianas, las cuales hacen que el receptor se enganche con la historia, llegue al desenlace y se quede mucho tiempo con el protagonista, sus vivencias y ese horror con el que lidiar es inevitable.

—Carlos Enrique Saldivar
Reseña del escritor Carlos Enrique Saldivar sobre "El enigma de la silla rota" de Aarón Alva Reseña del escritor Carlos Enrique Saldivar sobre "El enigma de la silla rota" de Aarón Alva Reviewed by Cuenta Artes on enero 05, 2018 Rating: 5

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