Dario Facal: No creo que el arte tenga que ser moralista

Dario Facal

"No creo que el arte tenga que ser moralista, dar discursos o consignas. Creo que el arte va produciendo consciencia en la medida que nos expone".

Dario Facal, joven director español de la obra Luz de Gas que se estrena este 18 de marzo en el Teatro Británico, nos comparte sus opiniones en esta interesante entrevista. 

Esta es la tercera vez que ha tenido la oportunidad de dirigir una obra teatral en Perú, y en esta ocasión nos presenta Luz de Gas, pieza teatral del dramaturgo británico Patrick Hamilton "Una obra tan complicada y sofisticada como Luz de Gas, no se podría haber hecho sin los actores con los que he tenido la suerte de trabajar. Gracias al Teatro Británico y el equipo de producción, han hecho posible este maravilloso proceso. Todos han colaborado en que esta experiencia plástica y dramática desemboque en el espectáculo que el público tendrá la oportunidad de ver.  

Mas adelante, nos comenta su opinión ante la pregunta si el arte tiene un papel importante en la libertad personal. "El arte debe crear consciencia en  las personas y de esa manera puede liberar a las personas. No creo que el arte tenga que ser moralista, dar discursos o consignas. Creo que el arte va produciendo consciencia en la medida que nos expone. Mucha gente fantasea con que una obra artística va producir un cambio radical de un día para otro, pero el arte es cultura y la cultura surge de un proceso de acumulaciones, ya sea con la narrativa, la poesía, la letra de una canción, una obra teatral".



Sobre la obra Luz de Gas
Hay muchos motivos por los que dirigir Luz de gas significa mucho para mí: primero porque de nuevo tengo ocasión de estar en Perú compartiendo un proceso creativo y enriqueciéndome con el talento y las perspectivas de los artistas que me han querido acompañar en el camino de llevar a escena esta obra injustamente postergada al olvido.

Estoy hablando del equipo artístico y de producción que ha creado la escenografía, video, luces, música del espectáculo y, ante todo, de los maravillosos actores con los que he tenido la enorme suerte de trabajar estas semanas y que cada noche abrirán su corazón ante ustedes para intentar hacer justicia y rendir respeto al dolor que sufren, no sólo muchas mujeres, sino muchas personas que son víctimas diarias de maltratos.

El texto de Hamilton consigue denunciar el maltrato mientras desarrolla una trama apasionante que avanza apoyada en todos los artificios del género negro. No siempre resulta sencillo reconciliar el placer y el entretenimiento con la magnitud, el respeto y la seriedad que merece el tema de una obra como esta. Y ese ha sido el gran reto de esta puesta en escena, que el montaje fuese emocionante sin insultar el dolor ajeno con estereotipos y recursos fáciles que buscan falsificar la emoción del público. 

Conseguir que funcione el mecanismo de la trama y ser al mismo tiempo denuncia de la violencia de género, hacerlo seduciendo con una historia de suspense sin renunciar a mostrar la sordidez de la violencia, sin caer en discursos morales y melodramas llenos de buenas intenciones, es el desafío artístico que hemos intentado asumir y que los actores darán vida cada noche sobre el escenario del Teatro Británico.  Lo hemos intentado hacer con la máxima sensibilidad, dando magnitud a un  tema tan crucial, pertinente e importante.

Desde que vi la película de Cukor han pasado muchos años y desde entonces llevo esperando el momento de montar Luz de Gas. La primera vez que vi la película me sorprendió la enorme belleza con que se describe una forma tan inaprensible y sofisticada de violencia como es el maltrato psicológico. Comencé a investigar sobre Hamilton y encontré una película anterior, una versión inglesa dirigida por Thorold Dickinson, así como el texto teatral de Hamilton sobre el que hemos trabajado para esta versión.  

Escribir sobre aquello que es fácil señalar con el dedo resulta mucho más sencillo que estructurar un relato que pueda dar cuenta de las violencias invisibles que perpetuamos y aceptamos porque resultan difíciles de objetivar. Por eso creo que la sensibilidad y el talento de Hamilton para escribir sobre un tema tan inaprensible hace muy injusto el olvido al que se ha relegado este texto y, en definitiva a su autor, novelista importante en su época y autor de otro enorme clásico como es La Soga llevada al cine por Hitchcock.

Con esta puesta en escena hemos pretendido crear un diálogo en múltiples direcciones: por un lado permitir que la trama se pueda desarrollar tal y como fue concebida en el salón de la casa, al mismo tiempo queríamos escapar de las puestas en escena más convencionales que renuncian a la belleza plástica para limitarse a ser un ejercicio de decoración de interiores arqueológica, en este caso victoriana, por ello optamos por una espacio más esquemático y metafórico que  concretase la subjetividad del personaje central y nos permitiera mostrar el piso superior en el que se acumulan los miedos y fantasmas de la protagonista. Al mismo tiempo me resultaba imposible eludir la intertextualidad que un texto como este establece con la tradición cinematográfica de la que es deudora y añadir así otro nivel de lectura y complejidad al montaje.

Ahora bien, independientemente de cualquier cuestión conceptual, son los maravillosos actores que han creado estos personajes, los que con su sensibilidad llenan de vida cada noche este escenario y hacen que esta obra consiga la verdad y la poesía que, tal vez, nos ayude poco a poco a construir un mundo más justo y nos haga más capaces de comprender el dolor de los demás.
Dario Facal: No creo que el arte tenga que ser moralista Dario Facal: No creo que el arte tenga que ser moralista Reviewed by Cuenta Artes on marzo 16, 2017 Rating: 5

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