Alter Sadovnic: Hay una superoferta de “tributos” y coverbands alimentados por un conformismo musical

Foto: Alter Sadovnic, musicólogo
"Se debe abandonar la idea de que es artista solo el “raro”, el que se viste diferente, el rechazado, el desadaptado. Y (...) en el tabú de que lo extranjero sea mejor que lo nuestro, sin caer en la falacia de apreciar un producto mediocre nacional solo porque es peruano".








Por Aarón Alva

Cuando me mudé a Pueblo Libre siendo aún adolescente, una de mis primeras metas fue conocer a la mayor cantidad de músicos aledaños. Al primero que tuve el gusto de conocer fue a Sebastián Gereda, cantante y guitarrista que por entonces hacía eco de los inmortales temas de los Beatles y ya tenía compuestas un buen número de melodías propias. Él me habló de un amigo suyo con quien formaron su primera banda de Rock seria, llamada “Neutro”. Al escuchar el tema “Paréntesis”, quedé sorprendido por su melodía trabajada y la elegante armonía de sus acordes. ¿Quién compuso ese tema? Le pregunté. Alter y yo, fue su respuesta. Fue entonces la primera vez que oí hablar de Alter Sadovnic y no lo conocería hasta muchos años después, exactamente diez, en los que estuvo en Italia estudiando una carrera que recién empieza a tener sus primeros atisbos de aprobación en nuestro país, la música.  

Cómo todo músico que radica en el Perú, la curiosidad por saber del mundo musical foráneo, sus pro y contras en relación al nuestro y el conocer a  un artista nacional que vuelve a su patria luego de largo tiempo fuera, me impulsó a entrevistarlo y compartir con él un ameno momento musical en el que no faltaron los Jammins, las canciones a dúo y el simple hecho de disfrutar de ese poderoso lenguaje universal que es la música.  
A continuación les compartimos la entrevista. 



Cuéntanos un poco sobre tu trayectoria musical antes de viajar a Europa.

Mi primera guitarra clásica llegó a mis manos a los 13 años. La primera guitarra eléctrica al cumplir 15 años y a esa misma edad tuve mi primera banda rock con amigos de barrio. Con ellos hice mis primeras presentaciones en vivo en locales y concursos. Terminando el colegio empecé a interesarme por la teoría musical y, sabiendo que viajaría a estudiar música en el extranjero, me preparé algunos meses en una academia.

Emigraste para estudiar arte con tan solo 18 años. ¿Por qué decidiste hacerlo apenas iniciada la mayoría de edad? ¿Qué carencias y dificultades sentías en el Perú de ese entonces?

Me pasó algo que pienso que suceda a muchos artistas: saber de ser capaces de poder dedicarnos a otras cosas pero al mismo tiempo saber que lo único a lo que queremos dedicarnos es el arte, sea haciéndolo, estudiándolo o, como en mi caso, las dos cosas. Sabía que quería estudiar música, pero también sabía que no quería estudiar en un conservatorio, no era lo mio, y en ese entonces era la única institución superior que brindaba cursos de música. Las universidades italianas me ofrecían la oportunidad de estudiar música y artes sin tener que dedicarme puramente a la práctica. A eso agrego que nunca me sentí acoplado al estilo de vida de Lima y necesitaba cambiar, vivir una experiencia nueva, solo, en otro país. Me moría de miedo. Me fui en una aventura con alto riesgo de fracaso, amparado en que podía regresar si todo salía mal. Tuve mucha suerte y desde mi primer año encontré el ambiente que necesitaba en Bologna: una ciudad completamente joven, culta, artística, liberal, cosmopolita. Exactamente lo que Lima no podía ofrecerme en ese entonces.


Cuando emigraste, recién se abría en nuestro país la carrera de música en las universidades. Después de tu estadía en Europa ¿qué diferencias principales encuentras en el plan Curricular de aquí y allá?

Para mi fue una gran noticia enterarme de la apertura de las carreras de música en Lima. Sinceramente pensé que no iba a suceder nunca y fue una agradable sorpresa. El terreno es aún joven y es muy difícil pensar que con tan pocos años desde su creación se pueda establecer un plan de estudios sin defectos. Personalmente, la principal crítica que puedo dirigir al plan Curricular actual en Lima es la poca especialización, que debería existir desde el primer año de estudios. Todavía parece que el estudiante de música no sabe exactamente a que se está dedicando. Un poco al estudio de su instrumento, un poco a estudios musicológicos, un poco a estudios etnomusicológicos, un poco a estudios empresariales, un poco a estudios comerciales, etc. En Europa, cada uno de esos rubros es una carrera y/o especialización. Tengo la confianza que poco a poco estas diferentes mallas curriculares tomarán un camino más específico para los estudiantes.

¿Cuál es tu apreciación del panorama artístico peruano actual en relación al de hace 10 años? 

La sensación que tengo es mixta. Por una parte es positivo que los medios de comunicación, por más que no sean los de señal abierta o mainstream, dediquen cada vez más espacio a bandas y propuestas nacionales. Siento que hay una pequeña ola de gente que aún no se rinde y tiene la esperanza de que el arte en general tome una voz importante en nuestra ciudad. Por otro lado, la música que gusta, la que escucha la gente cuando toma una cerveza o baila cantando en los bares sigue siendo la misma. Es como si nos hubiéramos quedado atrapados en el tiempo, en esos gloriosos años de boom del rock latinoamericano de los 80’s y 90’s. La gente la pide y los locales la ponen. Hay una superoferta de “tributos” y coverbands alimentados por un conformismo musical del público que no le hace nada bien a nuestro ambiente.



Más allá del arte. ¿Cómo has enfrentado la experiencia de volver? ¿Ha sido un impacto positivo o negativo?

Voy a ser sincero: Lima es una ciudad difícil, violenta, agresiva, impaciente. Lima es un empujón en la espalda cuando tratas de hacer una fila. No ha sido para nada fácil volver después de tanto tiempo. Me resulta difícil no poder salir con un instrumento musical y encontrar en las calles otras personas con quien compartir momentos musicales. Me resulta también difícil atraer miradas por mi modo de vestir, por el cabello pintado, por piercings, tatuajes, barba o hasta el modo de hablar. Me resulta ridículo que aún hayan tantos complejos respecto a realidades extranjeras: los apellidos extranjeros siguen “pesando” más, pero hablar de realidades como Europa causa reacciones de patriotismo anacrónico (como p.e. la siempre mal usada citación de “por qué no te vas del país”). Ha pasado un año y aún me siento extranjero en mi ciudad natal. Naturalmente existen también cosas buenas. Poco a poco la ciudad está volviéndose un poco menos conservadora y ciertos tabúes ya son material de discusión (aunque estamos años luz de otros países vecinos). El clima es amable y la comida estupenda. Creo que en general el aspecto ha sido más negativo que positivo, pero trato de tomarlo como parte de esta nueva aventura. 

A tu opinión ¿Por qué sigue siendo mal visto por muchos el estudiar arte/música en el Perú? Y ¿Cómo podría cambiarse esta triste situación?

En mi experiencia, es un fenómeno que existe en todas las sociedades occidentales, con mayor o menor peso de acuerdo al nivel de cultura de cada país. Yo crecí en una familia limeña típica donde me implantaron la idea de que el único camino hacia el éxito era graduarse en una universidad (no ir a la universidad estaba prohibido) en una de las “típicas” carreras. Mis padres me permitieron estudiar música sólo porque lo habría hecho en Italia. La cuestión es muy simple, la idea es que quien no puede producir satisfactorias cantidades de dinero es un fracasado, un mediocre, un parásito. En una sociedad como la nuestra, interesada por el dinero, el comercio, el materialismo, el consumismo frenético, ser artista es mal visto porque no cumple con esos requisitos. A eso hay que sumar el notorio bajo nivel de educación de nuestro país, que nos lleva a la disminución de la apreciación de las manifestaciones artísticas. El único modo de cambiar esta situación, a mi parecer, es que cambie el público que consume el arte. Si cambia el interés del público, cambia también la apreciación del arte, cambian el esmero y énfasis del artista y cambia el sistema gracias al cual el artista puede vivir de su trabajo ofreciendo productos de calidad. Que la gente vaya a conciertos en vivo en vez de ir al karaoke. Que cambien una “reu” en casa por un encuentro en algún centro artístico. Que se vaya al teatro en vez del cine blockbuster. Que se vuelva preocupante que un adulto no sepa quién es Kafka, qué cosa es un movimiento en una sinfonía, qué es el jazz, quién es Duchamp, etc.



Tienes un posgrado en Musicología por la Universidad de Bologna. En el medio local, los estudios musicológicos no gozan de mayor difusión. Cuéntanos un poco en qué se enfoca esta especialidad y cuál es su importancia y aportes en el campo musical peruano.

Anécdota: una de las frase que más he escuchado es “mira, no sabía que eso existía”, seguido por “y… ¿Qué es? Wikipedia nos dice de la musicología: estudio científico o académico de todos los fenómenos relacionados con la música, como sus bases físicas, su historia y su relación con el ser humano y la sociedad. A mi me gusta definirlo en modo ameno diciendo que el músico se dedica a hacer música, el musicólogo a entenderla, estudiarla y explicarla. Es un campo muy amplio y, en mi caso, el complemento a mi carrera de músico. La musicología es esencial porque la música es mucho más que una canción pop en la radio o el inicio de una sinfonía convertido en ringtone de un celular. Gracias a los estudios musicológicos tenemos terapia musical, etnomusicología, psicología de la música (esencial en ámbito de marketing y publicidad), por no hablar naturalmente de estudios de historia, teoría, acústica, historiografía, paleografìa, estética, filosofía, etc. aplicados a la música. Abiertamente acepto que estudiar musicología me volvió un mejor músico y me permitió abrir mi universo musical para apreciar todos los tipos de música que me rodean.
Se trata de un campo de especialización por lo que es comprensible que en nuestro país no tenga mucha difusión. Los aportes que nos puede brindar son abismales. Lo primero en lo que pienso es en la riqueza de nuestras músicas típicas, muy variadas y complejas, y el poco estudio e investigación que se le ha dedicado a nivel etnomusicológico. A nivel urbano, como por ejemplo la influencia de las músicas folklóricas en la música popular (o música “ligera”) hay mucho que estudiar y apreciar. Nuestra música academica (escolástica, “clásica”) también cuenta con importantes exponentes y es necesario estudiarla, analizarla y valorizarla. Finalmente, contamos con muy poca difusión de música de arte, la mal llamada “música clásica”, que es una tradición muy presente en Europa. Estamos hablando de más de 500  años de tradición musical. Estudiar la música es conocer la música, es educar, y en ese aspecto hay mucho trabajo por hacer en nuestro país.

En lo que se refiere al campo laboral ¿Cuáles son las diferencias entre un artista en Italia y uno en Perú? Y ¿Qué papel cumple el estado?
Es difícil dedicarse al arte en cualquier país por la naturaleza del trabajo que realizamos. Italia es un país riquísimo de cultura y arte, donde irónicamente no se brinda la importancia necesaria a los artistas actuales. Pero la música en vivo es mucho más presente y las remuneraciones más generosas. En Perú tengo la sensación que sería imposible dedicarse solo al arte, en especial la música, principalmente porque no existe un mercado que permita suficientes ganancias ni un público que alimente ese mercado. Yo creo que la labor del Estado debería ser siempre la de apoyar la cultura y el arte porque un pueblo sin arte es un pueblo sin alma. Que hayan más eventos culturales y artísticos, que se dé más difusión a la música y otras manifestaciones artísticas. Que se le dé la importancia necesaria a nuestros conservatorios y universidades del arte.


¿Qué complejos debe principalmente superar nuestra sociedad para la valoración del artista nacional?

La idea de que el artista es un vago, un “malogrado”, un parásito y no un individuo capaz de formar parte importante de la sociedad y de ser reconocido económicamente por su trabajo. Se debe abandonar la idea de que es artista solo el “raro”, el que se viste diferente, el rechazado, el desadaptado. Y de una vez por todas eliminar ese estúpido tabú de que lo extranjero sea mejor que lo nuestro sin caer en la falacia de apreciar un producto mediocre nacional solo porque es peruano.

¿Qué buscas como artista?

Yo siempre he considerado el arte como una necesidad. Soy artista no porque me guste, sino porque es parte esencial, inseparable y necesaria de mi ser. Mi búsqueda personal es la de crear música que cause impresión, interés, discusión en quien me escucha. Hacer música que tenga algo que decir. Yo no creo que importe el género, el estilo, la modalidad de difusión, lo que me interesa es que de mi arte quede algo en quien la recibe. Me gustaría poder tener más oportunidades de presentar mis composiciones e interpretaciones musicales y conocer más músicos nacionales con los cuales reforzar esta creciente onda de renacimiento musical de nuestra capital. 

Próximos proyectos

Quiero principalmente darle peso a mi proyecto solista. Próximamente publicaré un disco autoproducido en un estilo que llamo “blues demencial” basado en canciones de matiz blues con textos auto irónicos y desenfadados inspirados en las experiencias de los últimos años. También como solista tengo la intención de publicar un álbum de rock conceptual llamado “Extranjero” que tratará en modo metafórico sobre mi aventura en otro país.

Mi otra prioridad es la de formar bandas de diferentes estilos para continuar con mis proyectos anteriores como Massafurtiva (Rock Alternativo) y  The Puppet Ears (Indie Rock). 
Finalmente, me gustaría experimentar mucho con fusiones de diferentes estilos y géneros como la cumbia, el reggae, el funk, el blues y el hip-hop. 

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