Florentino Díaz: La poesía es un acto de contemplación para la futura urbe



Un poema puede ser un texto, pero la poesía es una cuestión de conexión; es la experiencia de la totalidad en un instante, experiencia que no pasa por la sola reflexión del pensamiento, sino de la totalidad de nuestro ser. La poesía es un acto de contemplación para la futura urbe
Florentino Díaz Ahumada (Lima, 1976) es escritor y performer. Estudió Literatura hispanoamericana en la PUCP y cursa la maestría de Escritura creativa de la UNMSM. También se dedica a la terapia mediante la Medicina China, por estudios que llevó en los años 2003- 2007 en Escuela Nei JIng. Actualmente es docente en la UPC y realiza charlas y performances electro poéticos / poesía visual en diversos conversatorios y eventos culturales de la capital, así como en provincias.

Entre los más resaltantes libros publicados: Inmanencia (1998) realizado con su grupo de amigos de la PUCP; Transmutación de la ciudad (2002); La revolución de los peces (2007);  28: versión 1.0 (2013), Oda a Berlín (2014) y 'Danza para las calles que tiemblan' (2016).

A continuación compartimos una entrevista muy interesante sobre los profundos sentires, influencias y proyectos. 

Para ti, ¿Quién es Florentino Díaz?

Nunca me había pensado desde esa particular distancia que propone esta pregunta o, en todo caso, esa distancia me la había marcado yo mismo y no la había encontrado de súbito en la imagen de este texto (quizás el defecto de un yo ensimismado). Sin embargo, haciendo este ejercicio, y a sabiendas de la propia ilusión que implica describirse, debo decir que esa realidad nombrada como Florentino Díaz es la de alguien cuya propia interioridad le ha saltado de cuando en cuando frente a los ojos, le ha asombrado y le ha dado también pavor. Convive con ello, como se acepta la transformación de la noche en día y del día en noche. Le alivia el canto, la ternura, el recuerdo de lo insondable del espacio, tiene miedo de sus propias celdas, las ha visto, le han conducido a la quietud en medio de la tormenta y le han colmado de sonidos que aún trata de evocar. Escribe para contar lo que de pronto a su alma se le imprime como huella de ese otro ser que deambula por los mundos, escribe para escuchar los sentidos y algunas veces necesita disponer aquello en la ciudad a través de performances, recitales o instalaciones para tocar el sonido, mirar las claves sutiles de la poesía-núcleo-fuente, de la poesía-centro-luz. Su sentido, como el de todos los hombres aunque no lo sepan o lo intuyan,  se halla en las profundidades de esta tierra y en las remotas distancias del cosmos. A veces, porque también le fue permitido conocer eso, practica la poesía de los resonadores de energía: eso que ahora denominan acupuntura. Le gusta el piano, la altura de los pinos y el silencio de los buenos instantes.  Sabe que un día estamos aquí y en otro momento emprendemos nuestro viaje. En eso medita y busca conocer el sol del corazón interno.

Y, quizás, con todo esto no respondo a la pregunta; porque ese “quién es” se trata más del abrazar un horizonte como también del adentrarse en una mínima y sutil gota de lluvia. La pregunta en sí lleva su paradoja, su invitación a convertir en narración cada acontecimiento: como seres instalados en un mundo absolutamente sorprendente e insondable, siempre que tengamos algo frente a nosotros para definir, nos veremos obligados a recurrir -aunque no lo aceptemos del todo- al lenguaje del mito. Es este lenguaje el que nos lleva al arte, nos conduce, cual hilo de Ariadna, por el laberinto de nuestra propia perplejidad, nos lleva a salir, de cuando en cuando, para vislumbrar el goce de una efímera certeza.


¿Tuviste influencia de algún familiar para sentir y amar la poesía?

Creo que la poesía, a la que comprendo como esa cualidad de lo real que le sostiene y de la cual emerge su misterio y hacia el cual se dirige, la he percibido desde muy niño en pequeñas imágenes que aún me acompañan: la de un rayo de luz atravesando una ventana, o las innumerables partículas de polvo visibilizadas por el sol en una tarde cuando la oscuridad y el brillo convivían en una habitación de esas casona del centro de Lima. He podido sentir lo poético desde mi infancia gracias a la música de mi padre, Jaime Díaz Orihuela, compositor y concertista de piano, cuyos prolongados estudios me acercaron desde muy niño, sin saber de nombres o corrientes, a las fugas y preludios de Bach, las sonatas de Beethoven y de Mozart, sus propias composiciones que él denomina como “música expresiva”, donde mi padre elaboraba una compleja y bellísima fusión entre poemas de autores como Washington Delgado y su fértil y profunda visión musical; sin dejar de mencionar sus ensayos aquí y en Arequipa, ciudad en la que estuve viviendo algunos meses, de su Rapsodia Peruana, pieza que le valió un premio nacional de música a los 21 años. Yo viví en una casa plena de sonidos; y estos llegaban, y aún lo hacen,  cual viaja el  pensamiento a través de los siglos: entre las manos y el espacio. No por eso dejé tampoco de percibir los acontecimientos diversos y terribles que marcaron los años ochentas: los atentados en mi calle durante tres ocasiones, el infausto toque de queda del 86, la hiperinflación, la crisis en todos los aspectos de la vida social que significó el final de la década y el comienzo de la corrupción fujimontesinista. En fin, mi padre siempre estuvo muy ligado a los procesos políticos, sus hermanos, mis tíos, Javier y Eduardo,  formaban parte de Acción Popular y eran senador y diputado en el Congreso de la República respectivamente, hasta antes del golpe del 92. La poesía tuvo para mí un sentido épico, ciudadano, una forma de participar en la urbe para generar consciencia, para vislumbrar también el bien que correspondiera a toda la comunidad. La poesía, ahora puedo verlo, se configuraba ante mis ojos, en esos años, como un llamado a la ciudad ideal: poesía y política, en su más hondo sentido eran visiones que implicaban emoción, libertad, común acción, la esperanza de una humanidad sin injusticia.
 ¿Cuál fue tu primer acercamiento poético? ¿Cuáles son tus principales influencias?

Mi primer acercamiento poético o, mejor dicho, aquella circunstancia en la cual tomé consciencia de que “algo” ya estaba en mí para volcarlo en palabras fue una experiencia que tuve un día de agosto de 1994. Estaba a la mitad de camino entre San Marcos y la Católica, había llegado de un bus desde el centro de Lima e iba caminando con un cigarrillo encendido para acompañarme aquella fría mañana. La estela de humo ascendía ondulante y mi corazón percibía en lo amplio y vacío de la avenida, esa soledad y la sensación de ser una consciencia más entre muchas otras. Esto me desbordó por completo y sentí la necesidad de contarlo, de expresarlo en una imagen, tal sería –trato de intuir- el impulso que se adentraba en los viejos poetas chinos al encontrarse en una situación semejante donde el río, la despedida de un amigo y la montaña se confabulaban para decirle al espíritu: es el momento de tomar el pincel y volcar el universo en un trazo. En ese instante supe que me dedicaría a escribir, también intuí la dificultad de tal camino pero, como en todo andar, lo importante no era el destino sino el viaje. Yo empecé escribiendo cuentos, cuentos cuya prosa en verdad se asemejaban más al ritmo y la musicalidad de un poema. Eran cuentos poéticos, pero fue gracias a mi contacto con el escritor y estudioso literario, Ricardo Sumalavia, y a un amigo de mi padre, el compositor Francisco Pulgar Vidal, que finalmente decidí adentrarme de lleno en este arte.  Con respecto a mis influencias debo decir que han sido diversas: Novalis, el hermoso Virgilio, Píndaro, Dante Alighieri y su proyecto poético extraordinario, Jaime Díaz Orihuela; Propercio, William Blake, Hölderlin, Horacio, Rumi, Carlos Gatti, Hafiz, Eielson, Artaud, Rimbaud, Georg Trakl, Saadi de Shiraz, Adolfo Winternitz, T. S. Elliot, Rilke cuando escribe de Rodin, Rilke en sus elegías de Duino; Enrique Verástegui, Cervantes, María Zambrano, Juhanni Pallasmaa, Dickinson, Carlos Villacorta, Victoria Guerrero, Christian Zegarra, Enrique Bernales, Tapies, Joseph Beuys, Coomaraswamy, Schuon, Titus Burckhardt, Fulcanelli, René Guenón, Heidegger, Ajmatova, Safo, Beethoven, Sérvulo, Bach, Miles Davies, Leonard Cohen, Alberto Benavides, Julio Heredia, David Kamt, José Luis Padilla, Mondrian, Chillida, Francois Cheng, Zhuang Tzu, Wang Wei, Ezra Pound, Byung Chul Han, Paul Davies, Carl Sagan, Thomas Mann y Philip Glass; entre muchos otros.  

Creo que la poesía, a la que comprendo como esa cualidad de lo real que le sostiene y de la cual emerge su misterio y hacia el cual se dirige, la he percibido desde muy niño en pequeñas imágenes que aún me acompañan.

¿Por qué poesía y no la prosa?

Aunque la mayor parte de mi obra han sido publicaciones de poesía, la prosa no es una estructura y ritmo que me sean ajenos. Escribo cuentos, ensayos, me gusta mucho escribir reflexiones sobre lo que voy experimentando en el contacto con diversas obras de arte: he realizado algunos textos sobre artistas contemporáneos como el desparecido pintor Gabriel Darvasi, en cuyo catálogo junto a Jorge Villacorta tuve el privilegio de participar, o sobre la pieza Taki Onkoy  del coreógrafo y fundador del legendario grupo Integro de danza y performance, Oscar Naters, cuyo trabajo admiro muchísimo. La poesía es un tipo de energía que se expresa a través mío, tiene sus ritmos, sus secuencias y sus propias geometrías. Pero mi anhelo es, como en un precioso contrapunto, poder expresar en un texto la danza sincopada, jazzística, psicodélica y mántrica de la prosa y el verso. Algo así fue lo que intenté en Inmanencia. Han pasado  casi 18 años desde aquella publicación, luego he escrito un poco de teatro, hice un montaje en el año 2000, gracias a Joelle Gruemberg y Andrea Ortiz, dos amigas cuyo talento y dedicación me posibilitó presentar “Antes del alba” en el auditorio de humanidades de la Universidad Católica, un texto en verso para teatro sobre la muerte de García Lorca y Mariano Melgar. Luego gané un concurso de ensayo en el año 2001 sobre el libro en la cultura humana organizado por la PUCP. Hace dos años en el 2014, mi ensayo “Divina búsqueda de nada: un camino de amor, humor y liberación en la última etapa poética de J.E. Eielson” quedó finalista en el premio COPÉ de ensayo. La prosa me ha acompañado siempre, pero no es lo que más me ha afanado publicar, ¿por qué? Arriesgo una razón: la prosa es una cuestión de espacio, de geometría sostenida en los vínculos entre ideas, imágenes y sueños: la poesía es un relámpago, una carga definitiva de aliento en el meollo de la realidad.  Tal vez, por el soporte reciente de mi escritura o por algunos ritmos energéticos de mi propio ser, ahora siento de nuevo la espacialidad de la prosa y mi fluido desplazamiento en ella. Esa pulsión de abrazar el espacio se me hacía más patente en mi exploración visual. Desde la infancia he pintado, pero nunca seguí la carrera de arte, aunque tampoco me abandonó el deseo de pintar. Ahora lo hago con una serie de tintas a las que denomino “Serie de las ciudades” basado en algunas percepciones personales sobre la arquitectura y la caligrafía china. De ahí que la prosa siempre me ha infiltrado, ya sea en mis pinturas o en mis textos sobre otros poetas. Ahora mismo quiero escribir un ensayo sobre el poemario de Nicolás Tarnawiecki que me ha gustado  muchísimo y sobre la obra visual de Jano Burmester, además, quiero retomar un proyecto pendiente sobre escritura acerca de la danza con un ensayo sobre diversos montajes de la coreógrafa y bailarina, Cristina Velarde. La poesía es la luz y la prosa es el vínculo de la luz.


A la hora de escribir, sientes que las palabras te buscan o tú las buscas y encuentras?

Qué misterioso  y a la vez inmediato proceso es el de escribir. Como en las explosiones solares o en los poderosísimos fulgores lanzados al espacio por el corazón de las estrellas, escribir acontece en un instante que parece transformarlo todo y, por esa misma distancia entre las cosas, también pasa inadvertida para quienes no se encuentran en las proximidades de su influencia.
En el proceso de escritura que me involucra existen una diversidad de momentos, es decir, hay ocasiones en que escribo porque la imagen llega. Una frase que escucho, un sonido, la revelación propia del espacio donde permanezco. Esos son los momentos en que me asalta el poema, el texto es una manera en que esa energía, esa palpitación, puede tomar forma. En otras ocasiones soy yo quien se prepara a buscar el sonido, entonces salgo, camino. En la ciudad hay muchos lugares donde uno puede convertirse en una especie de “poem-hunter”: Ir tras la caza de lo que el poema, esa entidad vigorosa cuya explicación científica se debate entre la expresión genomática de lo que algunos biólogos llaman el ADN basura o inútil, o lo que otros consideran que es la manera por la que nuestro pensar se asienta y se renueva desde la capacidad propia del poetizar para transformar las palabras: sustento del discurso mismo y del pensamiento y la inventiva humana.  Cazar el poema o dejarse cazar por él, implican en mi experiencia dos aspectos de una misma experiencia: la receptividad. Es fundamental hacerse receptivo, eso lo puedes percibir corporalmente en la sensación que tienes en los ojos y en la zona lumbar de la columna. Si estás receptivo, tus ojos al cerrarlos los percibirás ligeros. Respirarás para suavizar la sensación junto a un ligero movimiento de la cabeza y el cuello. Algunos chamanes en las zonas del norte acostumbran contornear por dentro la mirada y el flujo de su sangre. Así, se está como más dispuesto para la llegada de ese rayo que es lo poético. Rayo que en algunos se expresa como arte visual, performance, instalación, poema, sanación, trabajo artesanal, acto de amante, encuentro, etc. Lorca lo llamaba el duende. Uno no lo obliga a venir, pero sí puede uno congraciarse con él, con ella.  Me gusta pensar en esta especial disposición como en un fundamento de vida, como en una manera de ser en el mundo. Convertirse en un poem-hunter, en un cazador cazado, ser la propia carnada y la presa, tal es la paradoja de la actitud poética y tal su maravillosa complejidad y sencillez. De ahí que el discurso de los sabios orientales se haga tan familiar para quien se encuentre atento a esta actitud. El encuentro con las palabras no es una mera cualificación técnica, un ejercicio sobre el cual nosotros nos atribuimos el completo y riguroso control. No es así. Hace falta darse cuenta de lo mucho que este universo huye de nuestra comprensión –y en ese huir, como la expansión misma del espacio y el tiempo, se halla una peculiar ternura y palabra silenciosa del cosmos-  para deshacer de inmediato nuestra pretendida sapiencia sobre los asuntos del cielo y de la tierra: la poesía corresponde a ellos.  El estudio, la técnica, son importantes, pero más importante aún, para la verdadera enunciación de lo inefable, para una invitación al vértigo acogedor de lo cósmico es ser receptivo, ser como el agua, hacerse, doblarse, transparentarse en el acto poético que acontece de instante a instante. Tal es el ejercicio mayor.


Una frase que escucho, un sonido, la revelación propia del espacio donde permanezco. Esos son los momentos en que me asalta el poema, el texto es una manera en que esa energía, esa palpitación, puede tomar forma.

¿Tienes algún método o momento especial en el día para escribir?

Trato de hacerlo antes de almorzar. Usualmente, cuando no tengo clases, busco dejar los días lunes para escribir. También los días viernes. El día jueves es un día maravilloso para la escritura, pero el domingo no deja de ser el inconmovible domingo donde la multiplicidad de acontecimientos llegan a su culminación y nuestra consciencia puede intentar tejer un arco en ellos: comprenderlos, asentarlos como los resquicios de nuestra propia historia, compararlos, dejar que se nutran de las relaciones con las demás existencias. Me gusta la mañana y la noche para escribir. La tarde es un momento para la pintura, para los quehaceres del trabajo, como también para compartir con los amigos. Una vida sin ellos no puede ser verdadera. Aún en la soledad del exilio, imagino, el recuerdo de las voces amigas que nos acompañan y nos ofrecen las horas más dulces y los anhelos de reencuentro. La amistad tiene que ver mucho con la escritura, con el método para escribir: creo que a la larga es lo que configura tu metodología en el momento de abordar un texto.  Una conversación sintonizada, un encuentro feliz, un sentir en el alma el contacto de lo afín, esa comunión de asombro y de gracias con el mundo, es un acontecimiento que puede impulsar tu escritura durante años. El método para mí, si es que hay uno, es el de cultivar la amistad como quien se acerca a los más preciosos y misteriosos libros, en palabras de Eielson, a esos libros que no son de papel sino suaves “como tus mejillas…”. Recuerdo que Marco Martos siempre nos decía que había que darse al menos una hora para escribir a diario. Yo creo que tiene razón, pero también sirve  ir tomando apuntes, dibujar, darle forma al pensamiento a través del sonido; tocar un instrumento, a mí el piano me deleita, no lo he estudiado académicamente, pero me apacigua y me ayuda la resonancia de sus tonos, su pulsación gentil y apasionada. Respirar es la otra condición de la escritura. Saber que está ocurriendo, en otras palabras: que la escritura es un acontecimiento siempre del presente, escribo porque estoy escribiendo. Sentirlo en todo el cuerpo es especial. Y es también muy importante dejar que permanezca el silencio, ese vacío desde el cual la palabra se renueva, toma distancia y emprende nuevas rutas. Así como en la pintura o en la instalación debemos hacernos de un sentido de composición de nuestra naturaleza diaria, del fluir de nuestra cotidianeidad para escribir, así también me sirve de mucho evitar aquello que pueda consumir la libertad del tiempo, mucho o breve que pueda tener para dejar que las palabras se asienten en un texto. A veces escribir se torna una contienda, la sensación del último aliento, como también te salva, te abre la puerta a otro momento en tu vida.

  
¿Cómo nace y cuánto tiempo te tomó escribirPoesía para los epistolarios, flores y nuevas cavernas’?


Este poema, nació el mismo día de su lectura en el evento organizado en la casona de la Recoleta. Vino, como a veces suelen venir los poemas, y pude darle una ligera edición para el momento en que fue leído. No digo que el poema sea perfecto –tal vez esa cualidad varíe y adquiera en el tiempo muy distintas texturas- pero creo que al menos acomete su misión con más o menos éxito: contar una aproximación a la poesía como una forma no solo humana de expresión. Me gustó el modo en cómo llegó el poema. Me encontraba haciendo un Skype con mi querido amigo, el escritor Carlos Villacorta, quien vive en Nueva York desde hace algunos años, y conversando sobre nuestra cotidianeidad (tan llena de sus nostalgias y sus alegrías como bien se pueden compartir cuando a pesar de la distancia el lazo que te une a alguien son las experiencias tan diversas e intensas en el tiempo) sentí de pronto la llegada de este texto, pude escuchar su rumor. Dicho sea de paso, desde la mañana sabía que debía leer algo nuevo en aquella casona, lo iba llamando. El hecho de que fuera el lugar donde se había fundado la Universidad Católica y que formara parte del centro de la ciudad, donde yo había vivido hasta los 21 años, me inspiraban. Pero, en realidad al duende no le puedes obligar de nada, tan solo le haces peticiones, te dispones, muy en silencio dentro de ti. Entonces fue de esa manera cómo este poema apareció. Leerlo también me pareció muy interesante. Necesito conectarme con el espacio para poder compartir poesía, el error está en pensar que un texto es solo una unidad de palabras y que estas bastan para generar la experiencia del poema. Un texto a la hora de ser leído se nutre de la energía que lo circunda, al mismo tiempo que devuelve y transforma esa energía. Si reducimos nuestra visión como lo ha hecho cierta y lamentable tendencia positivista de la realidad, pensaremos que no hay más en un texto o en el acto de leerlo que el solo hacerlo, sin embargo he ahí una muy particular situación: la gente ha perdido u olvidado el sentido esencialmente caligráfico de la escritura, entonces, palabra, movimiento, trazo, elocución son dimensiones de una sola experiencia que es la de una magia absoluta: La aparición de algo nuevo en el cosmos. El habla, la lectura, la transmisión parecieran de una cotidianeidad apabullante, no obstante -retomado su sentido y su naturaleza- podemos darnos cuenta de que una lectura no es solo una lectura, es casi tal cual una emisión de radiotelescopio, alcanza otras galaxias, nos recuerda nuestra identidad en el universo. 

Un poema puede ser un texto, pero la poesía es una cuestión de conexión; es la experiencia de la totalidad en un instante, experiencia que no pasa por la sola reflexión del pensamiento, sino de la totalidad de nuestro ser. “La poesía es un acto de contemplación para la futura urbe”.


 ¿Cuál crees que es el nuevo enfoque que le dan a la poesía peruana los nuevos y jóvenes poetas?

En realidad es una pregunta cuya respuesta implica un estudio muy vasto. Desde mi percepción podría decir que no me encuentro tan enterado del quehacer poético de todos los  actores de este gran despertar de la poesía en el país, pues son muchos y diversos: imagínemos ahora mismo lo que está ocurriendo en otras ciudades del centro y del norte o sur del país, en la misma Amazonía, entre otras partes. El que los medios de comunicación masiva no pongan sus ojos en ellos no quiere decir que no se esté en un momento de verdadera explosión poética en el planeta. Yo lo veo en Lima, más recitales, más voces, la poesía se convierte no en algo alejado o de elites, sino en una forma de vivir; lo vi también en Europa, en Berlín, creo que un fenómeno semejante se da ahora mismo en los Estados Unidos, Latino América no es ajeno a este despertar. La poesía retorna a su naturaleza profética y cognoscitiva, la poesía, por este tiempo de miseria en que vivimos, nos salvará.  Yo creo que pese a todas las dificultades y contrariedades morales, económicas, sociales y  hasta climáticas que experimentamos, la poesía no es algo que vaya a extinguirse en nuestro medio. La poesía es una ciencia secreta, sutil y preciosa que paradójicamente está al alcance de todos si renunciamos a su instrumentalización para fines que no le corresponden, pues la poesía es tan contundente y más veloz que un mesón acelerado en un dispositivo nuclear. La poesía puede generar mutación, transmutación, cambio, movimiento… recuperar la memoria celular, regenerar espíritus y diluir el temor. Que está cambiando es real. Pero toda la realidad es una sucesiva transformación ¿por qué no la poesía? Hemos pasado diversas corrientes; muchas de ellas conviven en nuestro propio discurso poético: conversacional, mítico, poesía de reivindicación, poesía post punk, neo barroco, yo diría que entramos como en la música a una exploración más indie de la cuestión poética. Si la poesía confluye en una especie de mímesis del ritmo y temblor de su tiempo, nosotros somos ahora testigos de muchas maneras más sutiles de control como lo son el espionaje vía internet, las redes sociales, la actual fase del discurso consumista y el ideal de éxito, todo esto a su vez y con su contraparte por otro lado con los movimientos ecológicos, las nuevas consciencias con respecto a un estilo de vida adaptado al ambiente, al cosmos, los descubrimientos de las farsas políticas, los grandes engaños que han perturbado nuestra historia: como el cuasi autoatentado del 11-S, las modalidades del poder mundial en cuanto a invasiones y políticas globales, la posibilidad de un reconocimiento de otras inteligencias extraterrestres, entre tantas otras situaciones por revelarse. Somos más conscientes, al menos, un sector de la población, de las trampas de la globalización, de la inutilidad de fondo del neoliberalismo, de la necesidad de una reorganización e invención de nuestras formas sociales, de nuestras formas de concebir la realidad. La poesía inevitablemente se nutre de todo ello porque es precisamente la expresión de una consciencia del tiempo, pero que además la trasciende. La poesía configura un conocimiento cuyas ramificaciones luego se descifran en los ámbitos científico, religioso y estético. La actitud de los jóvenes es de exploración y de búsqueda, como también la de los poetas ya más conocidos. Creo, sin embargo, que hay en los segundos también esa experiencia que permite comunicar a los primeros la inexorable necesidad de resistir. Cuando hablo de resistir no me refiero solo a pararse como una piedra inamovible ante los embates de los MALLS y el ensordecedor ruido de los altos edificios por todas partes, o a la ciega y enfebrecida estupidización de los canales de TV con sus realities y sus titulares de horror. No. Me refiero a resistir en el sentido también de aquello que los psicólogos denominan resiliencia, es decir, de saber transformar esta circunstancia adversa, casi nefasta, en un elemento luminoso, esperanzador, amoroso, vital.  No creo en la desesperanza poética, porque aunque hayan existido cumbres poéticas como Trakl, Rimbaud, Vallejo o Ajmatova en cuanto a la desolación y el dolor de nuestra condición humana, dudo precisamente de que esta sea la última esencia de nuestra naturaleza. Todo mi ser se inclina a asumir el sentido de nuestra vida, como muchos de los espíritus que han buscado la íntima realidad de este vivir, en una inconmensurable experiencia de plenitud que se nos es negada en la medida en que no reestablezcamos el contacto con el centro. Por eso me siento cercano a los poetas sufís como Rumi, Hafiz o la poética de José Luis Padilla. La enajenación de nuestro mundo es la enajenación de una mente distorsionada en su anhelo absurdo por querer ser lo más grande, lo más permanente, lo más poderoso de esta tierra. La poesía nos recuerda que todo es vanidad. También nos recuerda la transitoriedad de la vida: memento mori. Pero ambos polos de la fuerza vital se encarna en la poesía y en nuestros poetas: transitoriedad y afirmación del infinito. Estoy seguro que esta apreciación encontrará sus reparos en algunas posturas demasiado académicas, pero eso es parte también de nuestra evolución como humanos.

Yo me encuentro en un momento en que ya me voy viendo más como del grupo de los poetas cuya experiencia puede trasmitirse que del grupo de los poetas más jóvenes. Y esto lo digo sin pretensión alguna de auto elogiarme, sino para aclarar uno de los sentidos o necesidades a la que obedece mi poesía.


¿Qué piensas de la poesía actual en el Perú?


La pregunta es interesante, me hace confesarme la siguiente reflexión: qué significa pensar sobre la poesía en el Perú. Es tema para todo un libro o muchos de ellos. En su famosa conferencia Qué significa pensar, Martin Heidegger hacía referencia a la percepción y el recuerdo como elementos del pensar, pero también a que el verdadero pensar no es algo que yo controle, que yo maneje. Que yo diga “pensaré” no garantiza que lo haga ipso facto como quien puede manejar una herramienta. Pensar, bajo esa visión, es también la raíz de lo poético. Si quiero que el pensar sobre la poesía del Perú aparezca, debo adentrarme no solo en las publicaciones, también tendría que hacerlo en los movimientos propios correspondientes a la acción de lo poético: recitales, edición, irradiación de la actitud poética, tales elementos son de una complejidad que aquí, bajo la brevedad de este espacio no puedo abordar. Me toca entonces expresar algunas intuiciones. Lo grato de la intuición radica en esa potencial capacidad de síntesis y de visión de un conjunto de sucesos. Probaré dar, mediante ella, un alcance a la pregunta sobre la poesía actual en el Perú.

La poesía actual en el Perú se halla en un estado de tránsito. Jóvenes caminantes saben ya del  rumor de las calles, de la sintonía de muerte que hay entre muro y muro y no quieren darle la espalda a los tiempos que llegan con pasos firmes y silenciosos de invasión, guerra, persecución y esclavitud. La poesía en estos momentos se está haciendo consciente del impacto de los chips intradérmicos, de los trucos mundiales del crédito financiero y de la futura comercialización del agua como oro transparente. Ni el oro negro, ni el oro verde ni el oro blanco han saciado la fiebre del mundo.  La poesía actual va comprendiendo la nueva y ancestral soledad de quienes hemos sido condicionados a vivir persiguiendo logros, éxitos y distinciones para saber que hemos vivido. Y, curiosamente,  una vez logrado todo aquello la ancestral y nueva soledad persiste y nada cambia en esta unidad mente espíritu, en este enjambre de consciencia que nos teje con las estrellas, que nos teje con las galaxias y las supernovas.

La poesía en el Perú también se hace consciente de su papel político, pero de una política no basada exclusivamente en el logos racional  aquel claro y distinto donde las formas están completamente definidas, sino en un logos pluriforme, flexible, más ligado a las fluctuaciones propias de la naturaleza cósmica de la cual provenimos y de la que nunca hemos ni podemos salir. La poesía, bajo esta visión, es la que nos abre la reconfiguración de aquello que hasta ahora planteamos como la base de nuestro entendimiento del mundo: la razón.  Creo, en verdad que la racionalidad será poética y desde ahí, más cercanos a la experiencia del corazón, más cercanos a la experiencia empática con nuestro planeta y nuestros semejantes y más alejados de cualquier pretensión de poder sobre los demás, pues iremos reconstruyendo y transformando esta realidad que clama por su síntesis poético-filosófica.


Has sentido obstáculos de difusión, apoyo en el medio artístico peruano? ¿De qué tipo?

Hablaba hace un momento sobre la transmisión del sentido de resistencia, ese movimiento es ineludible cuando se trata de los espacios de comunicación masiva donde la difusión de los pormenores de lo poético es prácticamente inexistente, sin embargo, como también decía anteriormente, hay algo que se está modificando. El acceso a la tecnología audiovisual y de difusión por la red facilita a pequeñas colectividades a registrar y organizar los acontecimientos que van conformando ese pálpito ético-estético de la urbe; tenemos entonces grupos de seres humanos que buscan difundir acciones poéticas en todas las ciudades del mundo. Los obstáculos que haya podido sentir se basan a la posible vinculación que haya tenido en algún momento con un modus operandi tradicional donde era el artista quien esperaba de alguna institución del estado algún apoyo o aporte. Esto ahora no es así: existen ya elementos suficientes que nos afirman cada vez más en la autogestión y cada vez más esos operadores culturales del estado verán la inmensa necesidad de constituir en redes a los artistas y generadores de poéticas en la ciudad. Porque se han de convencer que es a través de estas experiencias ético-estéticas que muchas crisis sociales o experiencias de fuerte degradación humana pueden ser viabilizadas hacia un crecimiento más integral, hacia una “recuperación de lo humano”. Tal es una de las cualidades más generosas del arte: recordarnos el corazón, transmitirnos la belleza aún enceguecedora, pero siempre liberadora. Y en esto quiero ser muy amplio, puesto que se puede comprender lo que digo como una suerte de apología de la poesía preceptiva o del arte como un instrumento moral. Nada más lejos de lo que pretendo decir; el arte lo entiendo más cercano a una interiorización de la actitud compasiva, receptiva, sin juicio, de quien se acerca a la realidad y sabe, en lo íntimo de su ser, que en ella se guarda un tesoro inefable y maravilloso. En esa actitud pueden caber muchas formas de arte, muchas expresiones, si aquello no está provocando directa o indirectamente el dolor o la agonía de cualquier forma de vida, entonces está, en su misteriosa concepción, en favor de ella.


Si tuvieras que elegir entre todas las poesías del mundo, con cuál te quedarías?

Siempre con la poesía de un día templado, con la luz del sol entrando por la ventana, un sauce brilla, dos sábilas enormes y preciosas, ponsianas y un pino, son los árboles y plantas que se ven… mi padre en el piano, el sonido de mi madre, su bondadosa presencia, mis hermanas y hermanos, de pronto llega un amigo: observo bien y es Carlos o Enrique, es también Christian y es Jorge y es Eduardo y es Róger. Sigo mirando y van llegando tantos seres cuyos corazones me han llenado de amor, de los que he aprendido y de los que me siento profundamente agradecido. Estamos todos en la sala, esta se ha hecho más grande y más grande… Están mis hijos ahí, uno medita y es tierno meditando el otro juega y es tierno en su juego… y están las flores de la mesa y las flores de la pequeña mesa entre los muebles. Y mientras estamos sintiendo el calor de nuestras voces, la armonía de nuestros sentires, llega aquel ser que nos acompaña desde antes de llegar, y después, mucho después de irnos… y aunque lo veo, no lo veo, y aunque le toco no lo toco, pero sí le escucho… y de pronto escucha mi corazón, en lo más hondo de su corazón: “la vida puede ser maravillosa…” y tal es el poema más hermoso…


¿Con cuál de todos tus poemarios sientes una conexión personal?

Siempre vuelvo a 28. Porque es el poemario que finalmente me regalaron en sueños, y del cual solo recordaba el nombre”28” cuando desperté. Pero mientras dormía pude vivir su poesía, pude sentir su universo. 28 me resulta, de ese modo, una suerte de síntesis de mis búsquedas: desde el diseño, la memoria, el proceso que tuvo mientras lo escribía, mis reflexiones sobre el sentido de nuestra historia y de nuestra experiencia como sociedad, nuestro camino ene l cosmos. 28 también me permite acceder a otro tipo de registro: el verso narrativo, la rítmica anafórica, el sampler de ciertos fragmentos a los que voy dando una estructura de aparición y desaparición. 28 buscaba ser una especie de juego con la idea de un virus poético que pudiera desconfigurar la programación de nuestra cotidianeidad basada en el consumo y en la promesa de una libertad futura. 28 es también un recuento de la memoria que tengo sobre el conflicto armado interno, de cuya experiencia me arriesgo a soñar una posible culminación de ese capítulo tan doloroso en nuestra historia, desde una perspectiva mítica y, obviamente, poética. 28: versión 1.0 constituye la introducción en mi proceso creativo de la modalidad serial. Es decir, existirán otras versiones de 28 y otros modos de expresión, como el performance, la instalación y hasta su modalidad en prosa  narrativa. Este libro es especial para mí porque constituye una matriz creativa. Me explico: una matriz creativa la comprendo como una secuencia, podríamos decir rítmico-poético de creación constante a partir de rasgos y estructuras sutiles.


¿Consideras que hacer poesía es un talento de algunos o todos son capaces de crear?

Creo que la poesía es el talento consustancial de la vida. Esta se expresa en cada acontecimiento de evolución y búsqueda, peor especialmente en los humanos tiene como núcleo la constante transmisión y desarrollo del conocimiento. Yo creo, como Joseph Beuys y Eielson que cada ser humano es un artista, pero debe encontrar su arte: dilucidar la forma en la que la existencia se provee de e´l para transmitir de mejor manera su propia belleza y sentido.



¿Cambiando de rumbo….Qué es lo que motivó estudiar medicina alternativa?

Es una pregunta interesante para mí puesto que me lleva a comentar algunos acontecimientos que han sido de mucha importancia en mi vida. Primero, la profunda crisis que tuve ni bien iniciado el año 2003, crisis que implicaba una transformación de mi perspectiva existencial y que en esos momentos motivaba en mí una gran angustia y un trance del que no sabía bien cómo o cuándo volvería. Mi contacto con la Escuela Nei Jing significó para mí el entablar amistad con personas que desarrollaban otra visión de la vida más imbricada en los procesos del taoísmo y la búsqueda de nuestra naturaleza humana, su posible devenir y los métodos para actualizarla constantemente. Esto pasaba por la meditación como práctica diaria y permanente, el Qi-Gong, estilo de danza oriental que va activando los meridianos de energía de nuestro ser, los seminarios de la formación misma como terapeutas de la tradición y los seminarios sobre humanismo sanador. Todas estas experiencias que agradezco muchísimo me fueron alimentando, y aún lo hacen, de una manera que me permite, pese a los reveses de mi propia personalidad, concebir atisbos de aquello que nos depara, aquí y ahora, como una relación más plena entre nosotros y el cosmos. La medicina oriental, que en principio no se formula como medicina ni es de origen exclusivamente oriental, fue y es una experiencia de vida que sobrepasa lo que usualmente comprendemos como un estudio. En este vocablo podemos de pronto suponer una distancia entre sujeto y objeto. En el involucramiento con la Tradición esa división es brumosa y muchas veces un obstáculo para la experiencia directa, para el vuelo del espíritu o la visión  contemplativa de la tierra. 

Cuéntanos sobre tus actuales actividades y próximos proyectos o presentaciones.

Actualmente busco rediseñar la ciudad desde una perspectiva poética, a partir de una instalación performance que sea nómada y colectiva. Me encuentro trabajando en ello. También estoy editando algunos textos que escribí hace ya algunos años y abriendo la convocatoria para hacer lo mismo con textos de autores que estén dispuestos a pasar por la experiencia del libro ensamblaje: modalidad de edición que busca performativizar los textos y darles una materialidad significativa lo más posible. Mi propuesta se llama Bardoborde-Libros Ensamblajes. Estoy escribiendo un texto sobre Paul Virilio, el famoso filósofo de la velocidad, a quien conocí gracias a la lectura de Eielson, buscando dialogar con la propuesta de Byung Chul Han, el filósofo sur coreano-alemán que ha despertado mucho interés en Europa en los últimos años y a quien tuve el gusto de ver en la Künste Universität de Berlin. Este poemario documental busca teorizar desde lo poético y poetizar desde la enunciación de textos en prosa y de formato teórico. Por otro lado, estoy buscando crear una secuencia musical que denomino la Tranzpoesía, formas y estructuras para composición de versos y rítmicas en el espacio urbano. Me interesa realizar algunos próximos talleres sobre Poesía y Ciudad: transformaciones alquímicas de la urbe. Creo que, ante la avanzada e  intensa deshumanización de esta etapa del capitalismo salvaje, necesitamos emprender ese contacto con nuestra capacidad visionaria, con nuestra más profunda necesidad creativa y de amor, con nuestro ser más hondo y esencial. Como ya he dicho anteriormente en un texto que presento el 26 de mayo, Danza para las calles que tiemblan, hacer arte en estos momentos se involucra definitivamente con una reflexión sobre lo humano y su devenir. 

Ese futuro, Zukunft, dicen en alemán, implica un gran diálogo. La poesía, el arte, es la piel de ese hablar. Estamos tejiendo la Hatunrimanakuey, esa “gran conversación” que pondrá a salvo lo que somos, con toda su inmensidad y ternura.

Foto: Cuenta Artes


Foto Cuenta Artes


Libro 'Danza para las calles que tiemblan"

Pueden contactarse con Florentino a su E- mail: florentino14@hotmail.com
blog: http://tranzpoetiko.blogspot.pe/
Florentino Díaz: La poesía es un acto de contemplación para la futura urbe Florentino Díaz: La poesía es un acto de contemplación para la futura urbe Reviewed by Cuenta Artes on mayo 25, 2016 Rating: 5

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