Trazos con aire de mujer: La pintura de Lucía Portocarrero



Normalmente es como una retroalimentación, por ejemplo, me imagino un tema, luego paso a preguntarme cómo representarlo mediante lo figurativo. Y sucede que en ese instante, mientras trazo las pinceladas, emerge la respuesta misteriosamente.


Lucía Portocarrero Guzmán  (Lima, Perú 1979) es licenciada en Ciencias de la Comunicación y WebMaster de profesión;  Actualmente es artista visual independiente y directora del medio cultural Cuenta Artes. Desde el año 2007, inicia su trayectoria como artista plástica  y desde entonces ha venido participando en muestras colectivas, tales como: "Pintoras" Centro Cultural San Marcos (2015); "Visiones Nuevas" en el Centro Cultural Juan Parra del Riego de Barranco (Lima, 2017), "30 pintores Peruanos" en la galería Aguafuerte (México DF, 2016), "Salón de pintura peruana en California" en el Latino Art Museum de California (EEUU, 2016). Para el 2018, tiene proyectado participar en una exposición colectiva y publicar su primer poemario.


Por Aarón Alva

Ella es la pintura. Una imagen congelada y detenida en el tiempo. Tiene el poder de diluir mundos, hacer blandos los relojes y hasta derretirnos  en un sinfín de emociones contra las que nos estrella en un grito silencioso pero muy profundo. ¡Expresión! Voz muda pero de gran armonía y musicalidad. Y ella llega al mundo por el vientre de su madre artista, la pintora, la otra ella, Lucía Portocarrero. Ella es la pintora.

¿Por qué pintas? le pregunté y Lucía volvió a ser niña. Ella no solo les hablaba a sus muñecas y las dotaba de vida imaginaria, sino que también las transfiguraba en el papel. De una fría sonrisa de plástico o porcelana, el carbón llenaba a las muñecas con alegrías, penas, añoranzas y sueños de una niña que sentía en sus primeros trabajos un calor y una compañía diferentes que solo ella podía entender. Todo aquello daba a sus días un color invisible en el mundo real y este color le gustó, la cautivó.

La niña se hizo señorita y el ser mujer estaba a la vuelta de la esquina. Pero aquel color invisible del que hablamos no cambió para oxidar etapas y enterrarlas en el recuerdo, fue desarrollándose cada vez más. De carbón pasó a temperas, acuarelas, oleos pastel, y la pintora sentía que la muñecas ya habían crecido también, buscando otros horizontes, transformándose en diversas formas. Sin embargo, Lucía no había pisado aún un taller o escuela de arte. “Nadie me obligó, nadie me motivó, yo misma hice mi camino como pintora, leyendo, informándome, mirando, comparando y pintando. Mi interés por aprender fue natural. (…)pude entender que la Pintura también es una forma de comunicación en donde existe un emisor, una señal y el receptor y, en el caso de una pintura, las señales pueden ser  figuras que representan la realidad o pueden ser no figurativas o abstractas; también pueden usarse símbolos, entre otros.”

Desde pequeña admiraba el trabajo de pintores como Da Vinci, Diego Velásquez, Goya, Rembrandt, entre otros. Y fue poco más adelante que el arte de Botero, Dalí, Frida Kahlo y principalmente Van Goh, delinearon sus influencias, la cual fue caminando por el campo de lo figurativo, pero también con un estilo que varía entre el post-impresionismo, el cubismo, el por art y el surrealismo. Ella siente gran admiración también por el trabajo de ilustradores contemporáneos como Steve Cuts y Tim Burton.

Pero muy aparte de las influencias y causes de su arte, nuestra artista siente que la pintura no solo le ha ayudado a expresar un mundo interior propio. Existe, gracias a este arte, un encuentro invaluable entre la pintora y la Lucía mujer y madre, que hace posible un desarrollo creativo, imaginativo, donde la paciencia (también la desesperación) y la tenacidad por lograr una pintura, por lograr un buen día a día,  ayudan a nuestra artista a ir encontrando una luz para los problemas personales y laborales; y esta luz, no es precisamente una solución, sino un fuego que alumbra los días con arte, con reflexiones y búsquedas interiores que solo el artista es capaz de sentir. Al respecto, Lucía nos dice lo siguiente:

 “Cada pintor tiene su manera de ver la vida. Unos pueden plasmar su mundo interior, otros el exterior. Pienso que me caracterizo por reflejar  mi mundo interior.  Pero también he realizado fusiones entre lo real e irreal, usando como formato el lienzo y manipulándolo posteriormente con imágenes fotográficas. Creo que tiendo a plasmar inconscientemente figuras que denotan diversas situaciones y sentimientos, pero algún día quisiera pintar figuras usando arquetipos que también el inconsciente colectivo pueda decodificar. Debo trabajar mucho en ello.”

El origen del tema de un artista será siempre motivo de misterio. Y es justamente en ese misterio, en esa sin respuesta, donde radica la respuesta misma. ¿Por qué un misterio? Porque muchas veces los artistas no deciden sobre él y este se les impone con fuerza dictatorial, casi como un mandato divino. Para Lucía, el desagravio de aquella imposición que destruye placenteramente la voluntad del artista es la retroalimentación que significa el resultado final de la obra. Ella se pregunta ¿Cómo represento el tema mediante lo figurativo? y se responde “y sucede que mientras trazo las pinceladas, emerge la respuesta misteriosamente.” 

De aquel término de lo intangible a lo concreto (inmaterial en nosotros), la pintora recuerda obras a las que guarda un cariño especial y que evoca con una sonrisa hacia el infinito. “Procesos”, por ejemplo, fue su primera creación espontánea. Simplemente quiso pintar y así lo hizo. Que los fantasmas y demonios sean libres, sin restricciones, sin pausas. Imaginó figuras complementándose y las transcribió al papel. Luego, en menos de dos horas el óleo fue su nuevo y último hogar. Pero es “Nenets”, que data de 1999, la pintura que ella considera su más fiel reflejo como mujer y madre, y la que marcó un camino sin retorno. A partir de ese trabajo, decidió pintar para siempre.

Hoy en día las telecomunicaciones no conocen frontera. Gracias también a la tecnología, Lucía ha podido hacer contacto y conocer el trabajo de artistas femeninas, sintiendo gran aprecio, por ejemplo, por las mujeres del medio oriente, que mediante su arte expresan el odio y repudio por el machismo recalcitrante que viven día a día. Y en nuestro país, es más que evidente la presencia de mujeres artistas talentosas, pero que algunas veces, por distintos motivos, entre ellos el machismo que también nos envenena, aún permanecen ocultas en las sombras del temor. Sin embargo, hay iniciativas que están dando realce al trabajo de nuestras artistas mujeres y nos muestran la enorme riqueza pictórica de manos femeninas con las que cuenta el Perú. Este año, por ejemplo, nuestra entrevistada participó en la exposición colectiva “Pintoras”, realizadaen la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, bajo la curaduría del pintor Iván Fernández-Dávila (a quien cuenta artes ha tenido también el gusto de entrevistar) y que reunió trabajos de pintoras de todo el país, entre ellas Judith Vergara García, Karina Huertas, Karina Padilla,  Lissette Cruzalegui, etcétera.

La pintura y Lucía han tenido siempre una relación íntima y unida por lazos de sangre, o cabe decir por pinceles y colores. Es de esas alianzas que no necesitan un contrato nupcial o la firma ante un notario. Caso contrario a su carrera de Comunicadora, de la cual es licenciada.

Me despido no sin antes invitarlos a apreciar el trabajo de Lucía, una pintora natural que el arte ha elegido como mensajera de su lenguaje, y ante el cual, ella se rinde hasta morir.

Web oficial www.luciapg.com
Página Facebook  https://www.facebook.com/luciaportocarrerog
E-Mail: lucymar79pg@gmail.com

Disfruten de algunas de sus pinturas:




Renacer (2014)


Atardecer andino (2007)

Clásico color musical (2015)


Autorretrato 2013

Trazos con aire de mujer: La pintura de Lucía Portocarrero Trazos con aire de mujer: La pintura de Lucía Portocarrero Reviewed by Cuenta Artes on octubre 26, 2015 Rating: 5

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